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Tu tamaño, tu edad, tu color de piel son datos no-esenciales en tu vida a menos que tú los pongas de primer plano. Gran parte del problema de auto-estima son las programaciones y juicios que hemos ido acumulando en nuestros delicados y complejos sistemas corporales. Son contadas las mujeres que se pueden ver al espejo y encontrar la belleza en su totalidad, porque los cánones existentes otorgan pocas variaciones en los modelos a seguir. Si acaso, se enfocan en las partes que gustan, en el mejor de los casos ignorando sus “fallas”, y en el peor lastimándose con pensamientos y palabras que se magnifican y se consolidan en la psique en la medida que las repetimos. Esa es parte de la violencia cotidiana que generamos contra de nosotras mismas. Como el cuerpo sigue los designios de la mente, mientras más te digas gorda, o fea, o vieja a ti misma, más le estás dando instrucciones a tu cuerpo para que se mantenga vieja, gorda y fea. Y la belleza nada tiene que ver con la apariencia, sino que con la mirada que observa, porque la visión que nos transmiten nuestros ojos cambia según el nivel de conciencia que desarrollemos. Busca la cinta “Real Women Have Curves” o lee el libro de Naomi Wolf, “El Mito de la Belleza” para comprender como el esfuerzo de las feministas de liberar a las mujeres se tornó en nuestra contra al esclavizarnos al culto de la apariencia. Eres bella porque eres Creación. La belleza profunda no es percibida con los rasgos corporales, que pueden dar una buena o mala impresión. Una mujer que no es despampanante en los estándares culturales, puede ser una chispa en su mundo si se expresa en su totalidad, no por provocar sino por ser. Y algunas mujeres que viven de su belleza, sorpréndete, a veces no duermen en las noches temiendo por la lozanía que un día perderán.
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